¡QUÉ BUENAS FOTOS

SACA TU CÁMARA!

Experiencia/Técnica vs. Tecnología


"¡Qué padre está la foto! ¿Qué cámara tienes? ¡Debe ser muy buena!". Si tienes un amigo que es fotógrafo y está obteniendo reconocimiento y trabajo por su calidad, su capacidad, su sensibilidad, porque es accesible o simplemente porque las fotos que toma a todo el mundo le gustan, debes saber que hay más cosas detrás de eso además de la cámara que utiliza.

En efecto, la tecnología digital y el software han hecho maravillas hoy en día, pero las maravillas más grandes aún son la sensibilidad, la experiencia y la técnica.

Si bien Michael Martin y David LaChapelle (dos fotógrafos muy reconocidos) deben poseer equipos electrónicos digitales de primer nivel, no es la cámara la que saca las fotografías… ¡Es quien está detrás de ella! Obviamente influyen en la calidad del trabajo los lentes (que muchas veces llegan a rebasar el costo de la cámara), los megapixeles, el sensor, un finder adecuado, los filtros y demás accesorios. Pero todo ello no produce algo bueno si no es en las manos de alguien calificado o cuando menos competente.

Es un hecho que las exhibiciones de tecnología en las tiendas departamentales hacen que parezca un juego de niños tener una buena imagen; generalmente las fotos que están incluidas en los demos de las televisiones gigantes de LCD parecen triviales y tomadas por cualquier padre de familia o ama de casa. No obstante nadie piensa que la marca de aparatos invirtió varios miles de dólares en pagar a modelos y fotógrafos para tomar esa foto de "cumpleaños" o aquella de los niños "bañando al perro".

La revolución digital ha hecho que todo el mundo tenga acceso a cámaras que hace 10 años ni siquiera se soñaban. El software cada vez es más avanzado y puede realizar más y mejores tareas en menos tiempo. Hoy en día editar un video parece cosa de niños; software como iMovie o Windows Media Maker  logran sin duda hacer la experiencia del usuario muy sencilla, cómoda y gratificante. Sin embargo, los profesionales de la comunicación todavía nos topamos de vez en cuando con clientes que difícilmente creen en la experiencia, la pericia, la sensibilidad o la habilidad del profesional y adjudican el éxito por completo al equipamiento de última tecnología.

Ante esto, siempre son buenos los cuentos con moraleja:

En un centro de cómputo de alta tecnología se encuentra un experto en computación certificado con especialidad en Microsoft Office, particularmente en Word. Se sienta en una computadora de lo más equipada, con impresora, scanner y demás artefactos. Por la otra puerta entra Gabriel García Márquez a quien también se le ha dado la misma computadora. Se les encomienda la redacción de un texto para exhortar a la gente a reciclar las baterías vacías y no tirarlas a la basura.  Al cabo de 10 minutos, el experto en cómputo entrega un tríptico diseñado e impreso a color, con textos formateados, títulos y subtítulos en negritas, una gran variedad de tipografías, fondos degradados, viñetas, imágenes de clipart y hasta sobres impresos con una base de datos que estaba hecha en excel. ¡Sobrepasó las expectativas! Se le pidió sólo un texto y con su habilidad en el software entregó un folleto en forma de tríptico.  Por su parte, García Márquez entrega una hoja impresa en Times New Roman, que hizo en el block de notas del sistema operativo y que sólo tiene un título que se distingue porque está escrito en mayúsculas. ¿Cuál será el texto que cumpla mejor su cometido?

MORALEJA:

Es exactamente lo que ocurre cuando los trabajos de comunicación se realizan visualizando en primer plano la tecnología y el software. ¿Cuántas veces no hemos oído presumir a alguien que su hijo que va en secundaria edita los mejores vídeos promocionales en el iMovie de su Mac? Y lo mejor, el niño no cobra. Tampoco se trata de hacer vídeos con una handycam del año de la canica y editarlos en VHS, pero sí de mantener un equilibrio entre el expertise y las herramientas adecuadas.



La próxima vez que veas a un fotógrafo que te parezca bueno, pregúntale algo más que las cosas acerca de su cámara y los megapixeles que es capaz de obtener. Es muy probable que si le preguntes cuántas fotos ha tomado en su vida no te sepa contestar pues lo ha hecho en todos los climas, a todas horas, en una gran variedad de circunstancias y sobre todo, por un largo tiempo.